Oh! #1

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—¡Qué mierda crees que vamos a hacer ahí! —dijo Mario casi estallando de ira.

—Es mi familia, huevón. Hace años que no los veo y creo que ya toca. Además, Luis me llamó especialmente para invitarme. Me dijo que tengo que estar presente sí o sí. Es el cumple’ de mi cuñada, pues. No seas malo, Mario. Dime que sí.

—No te hagas la cojuda, Juan. Sabes bien que ellos nos han invitado solo para meterse en nuestros asuntos. Solo quieren tener de qué hablar. Tu familia es chismosa y eso me llega altamente, pe’.

—Ay, qué mal hablado eres —dijo Juan tocándose el cuello en expresión de indignación; imitando a las señoras cincuentonas que se sientan en los cafés de la Avenida Diagonal en Miraflores.

—Sabes que es la verdad.

—Sí.

—Entonces por qué carajos quieres ir a ver a tu familia. Sabes que apenas lleguemos nos van a comenzar a hacer chistes homofóbicos, porque somos los únicos maricones de la casa. Estoy más que seguro. Sobre todo tu hermano que es un idiota. Lo único que sabe hacer es hablar de fútbol y burlarse de tu opción sexual.

—Orientación.

—¿Ah?

—Orientación sexual. Te confundiste y dijiste opción sexual en vez de orientación sexual. Tú sabes estas cosas. Por algo siempre vamos a las charlas de ETS en el hospital.

—No me cambies el tema, cojudo —dijo Mario entre risas —. Lo importante aquí es que no vamos a ir a visitar a tu familia. Le enviamos un regalo a tu cuñada por delivery mejor. Total, ella solo quiere que le regalemos algo. ¿No ves que solo te escribe cuando necesita dinero? Abre los ojos, Juan. Ellos solo te succionan y siempre salimos malhumorados de esas reuniones. Te apuesto que si vamos, en la noche terminaremos peleándonos por cosas tontas. A mí no me gusta pelear contigo, pe’. Ya relájate y acepta que no iremos porque es lo que nos conviene.

—Espera, ¿crees que yo no voy a ir? Porque, hijito, yo sí voy a ir. El problema aquí es que yo quiero ir contigo y tú no quieres ir. Te haces el indignado e insultas a mi familia. Pero, claro, tú solo piensas en ti y nunca quieres acompañarme a ver a mi familia. Cómo pretendes que llegue a una reunión de familia sin mi macho. Después mi tía va a hacerme la clásica pregunta: “Sobrino, ¿y el novio?”.

—Puta madre —dijo Mario soltando una risotada.

—No te rías, pues. Es cierto. Sabes que no me gusta esa pregunta y la única forma de dejarla callada es llegando contigo. Mi hombre, macho, cabrio, varonil, pelo en pecho, sofisticado, rudo y semental, y, por supuesto, yo, la dama, poderosa, la caballota, la reina, la regia, empoderada, modelo de Versace, Alexander McQueen, Thierry Mugler, yo, la campeona.

—Basta —dijo Mario entre risas. Los ojos le lagrimeaban de tanto reír —. Eres tan cabro, conchasumare’. Te amo, idiota.

—Yo también, bebe. Pero igual te tengo cólera por no querer acompañarme a la reunión de mis padres.

—¿Sabes? solo por hacerme reír, voy a ir contigo a la reunión de mierda. Pero tengo una sola condición.

—Te escucho —dijo Juan levantando una sola ceja y excitándose un poco porque ya sabía a dónde iba esto.

—Todo el mes, a mí me toca ser el activo.

—Ay, ¿qué? Si tú siempre has sido el pasivo —dijo Juan sorprendido.

—Lo sé, pero creo que es hora de probar cosas nuevas. No me digas que nunca has sido pasivo.

—No, soy virgen.

—Más rico aún —Juan y Mario se miraron sonriendo. El árbol que estaba detrás de ellos empezó a sonar. El viento soplaba y unas pocas hojas muertas caían al suelo —. Bueno, ¿aceptas?

Lone Tree In Mist And Sunlight; Cahir, County Tipperary, Ireland

Se siguieron viendo a los ojos profundamente como si fueran enamorados primerizos. La tarde se puso color naranja haciendo que la piel de Juan se tiñera de un cobrizo hermoso.

—Está bien —dijo Juan un poco tímido —. Yo te amo, Mario. Haría todo lo que sea por ti. Espero que en la reunión te comportes.

—Lo haré, mi amor.

Mario se acercó a Juan y le dio un beso enorme y apasionado. De esos que solo se ven en las telenovelas mexicanas. Mario abrazó a Juan sin terminar el beso y se dio cuenta de cuánto lo amaba. Esto era el amor verdadero con el que todo el mundo sueña. Ese amor que te vende Hollywood. Ese Romeo y Julieta que todo el mundo quiere vivir.

Juan lo abrazó también y sintió cómo Mario movía sus labios y lengua apasionadamente. Este era uno de esos besos que siempre recordaría. De eso no había duda. Repentinamente, Juan dejó de moverse.

—¿Qué pasa? —dijo Mario entre risas coquetas. Juan no respondía —Oye, qué pasa.

Mario se separó de Juan y este se cayó de la banca hacia delante. Mario vio un hueco que botaba sangre de la espalda de Juan. Alguien le había disparado.

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