Carlita #1

Todo se veía borroso. No sabía dónde estaba, ni como había llegado allí. Solo recuerdo que desperté adherido a una silla. Mis manos estaban sujetas por unos grilletes soldados a la silla y mis tobillos tenían la misma suerte. No me dolía el cuerpo, pero no podía ver bien. Parecía que me habían drogado.

Lo último que recuerdo antes de esto es haber estado en una fiesta con Mario. ¿Se encontrará bien? ¿Le habrá pasado lo mismo? ¿Qué está pasando? No creo haberle hecho daño a nadie para que me secuestren. Tampoco tengo enemigos. Al menos eso supongo.

Mi vista no se reponía al cien por ciento aún. Sin embargo, escuchaba muy bien. Una puerta detrás mío se abrió haciendo un chirrido terrorífico. Por el sonido, diría que la puerta era metálica y muy pesada. Luego de unos segundos, la persona que entró la cerró de un portazo. El impacto me asustó y tuve una reacción pequeña.

—Veo que ya despertaste —era la voz de Carla —. Ya era tiempo. Llevas ahí casi seis horas. Me estaba desesperando.

—¿Carla? —pregunté aliviado —Por favor sácame de aquí. Alguien me ha secuestrado. ¿Estás bien?

—¿Que si estoy bien? —preguntó entre risas —Claro que estoy bien.

Mi vista se arregló y pude observarla. Carla estaba exactamente frente a mí. Me miraba con desprecio y mucha felicidad. Su aspecto intimidaba. No era como la recordaba. Tenía un aire menos encantador y más terrorífico. Ella fue mi enamorada por cuatro años. Terminamos el año pasado por una pelea muy fuerte; ya que ella me había engañado con Juan, mi mejor amigo.

—¿Por qué estoy amarrado, Carla?

—Bueno, tú me rompiste el corazón. Ahora me las vas a pagar —dijo poniendo su rostro frente al mío —. Te enseñaré lo que es el dolor. Poco a poco.

—Un secuestro solo va a hacer que te metas en problemas, Carla. Pronto van a empezar a buscarme.

—No te preocupes. La policía empezará a buscar en cuarenta y ocho horas. Aún tenemos tiempo. Planeo terminar antes de ese lapso. Solo han pasado seis.

—¿Qué piensas hacer? —dije con un poco de miedo en mi voz.

—Te voy a enseñar lo que es sufrir. Ahora, dime ¿me extrañas?

—Claro que no. Después de haberme traicionado con Juan tu moriste en mi corazón.

Ella me veía fijamente mientras una lágrima caía sobre su mejilla izquierda. Recién pude darme cuenta del lugar. Era un cuarto de paredes oscuras y mohosas. Me imagino que la puerta era casi del mismo color. Solo había una luz blanca en el centro del cuarto que no iluminaba mucho, pero hacía que la lágrima de Carla se vea como un Swarovski en su rostro.

—Yo no te traicioné. Solo fue un malentendido. Un chisme barato. ¿Acaso me viste? ¡NO! —empezó a gritar —¡SOLO LE CREÍSTE A ESA ARPÍA DE CECILIA! —se calmó al instante y esbozó una sonrisa— pero ahora me toca jugar.

Me dió un beso en la boca y sin pensarlo, lo respondí. Sus labios eran suaves como los recordaba. Se parecía al primer beso que nos habíamos dado hace cuatro años en el parque cerca a la universidad. Suave y con muchas vibraciones corporales.

—Besas muy rico, Jorge.

—Tú también.

—¿Te gustó? —dijo Carla dibujando otra sonrisa tenebrosa —Esto te va a gustar más.

Alzó su mano izquierda y me enseñó un bisturí. Lo acercó a mi cara.

—¿Qué mierda vas a hacer? ¡Carla! ¡NO!

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Me sujetó la cabeza por los cabellos y la tiró para atrás. Hizo, lentamente, un corte horizontal en mi mentón. Mientras yo gritaba a causa del dolor. La herida no fue lo suficientemente profunda para que sangrara mucho, pero sí me abrió lo necesario para causarme dolor. Era lo más doloroso que había sentido en mi vida. Ahora el miedo me invadía y no podía controlar mis nervios. Carla se reía a carcajadas. Caminó hacia la puerta y cogió algo. Traía una botella de whisky en la izquiera y alcohol medicinal en la derecha. Tomó un gran sorbo de whisky directo de la botella y la dejó en el piso, lejos de mí. Yo la miraba con miedo mientras mi barbilla estallaba en dolor. Ella se acercó con el alcohol medicinal y me alzó la cabeza. Sacó su lengua como si se estuviera concentrando y me puso alcohol en la herida recién hecha. El dolor incrementó al doble.

—Para que no se te infecte —me dijo toda coqueta —¡HUEVÓN! —exclamó enojada.

—Por favor déjame ir. Perdóname por herir tus sentimientos —dije entre llantos sostenidos —. Ya cobraste venganza. Suéltame.

—¿Dejarte ir? —se rio —Ay, Jorge. Si apenas empezamos.

Carla abrió la puerta y el sonido de esta se mezcló con las carcajadas que ella soltaba. Supe en ese momento que mi ex, me quería matar.

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