Relato al aire #5

Llegó la hora de dormir y solo podía pensar en ese alumno que desesperadamente me rogaba por un punto. Recuerdo que su mirada emanaba un llanto de cólera y miedo entremezclados.

Era un alumno joven que siempre presumía su buen gusto por la ropa. Hablaba de marcas y telas como un experto. Lo irónico era que su cabello era la decepción personificada. Durante las clases, me enteré que vivía en La Victoria, claro, por la zona tranquila de este distrito, según él. A pesar que su vocabulario carecía de clase fina, el chico se hacía querer. No era muy guapo, pero tenía unas tres chicas persiguiéndolo. Era de una altura considerable y una mirada un poco penetrante.

Fue la dejadez que lo llevó a fallar. Repitió por flojo. Me dio mucha pena porque me dijo que su tío lo había amenazado. Si repetía el ciclo, nunca más volvería a estudiar. Cosa, creo yo, que es trágica. Pero esto quería decir que no era la primera vez que él reprobaba un curso. Tampoco era la primera vez que me topaba con un caso similar. Con un firme y severo ‘no’, el estudiante se retiró como contando sus pasos. Procedí a cerrar lista y retirarme del salón.

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