El Puto #9

(Encuentra la parte 8 aquí  -> https://elticherpe.com/2018/07/20/el-puto-8/ )


Domingo 17 (1:00 a.m.)

“Cuando Gabriel se fue, no pude soportarlo. No me hacía la idea de poder estar lejos de él. No podía aceptar el hecho de que en Lima él iba a encontrar a alguien mejor que yo, pe’. No podía encontrar a alguien más churro, ni loco, pe’. A ese huevón yo lo amo. No sabía que chucha iba a hacer.

El día de su partida, no nos despedimos. Nos peleamos desde que recibió la noticia y no volvimos a vernos. Me quedé en Lambayeque con mis choches viviendo la vida libre, pe’. Pero esto no podía quedarse así. Gabriel iba a pagar por su traición, por abandonarme sin pensarlos dos veces.

Me dediqué a convertir a mi pandilla en los patas más bravos de mi ciudad, pe’. Ya no ibamos a robar chanchos no más; esas son chiboladas. Ahora venía lo bueno. Robamos un par de casinos en las afueras de Chiclayo y nos hicimos de mucho dinero. Eramos buenos en nuestra chamba, así que la poli’ no nos atrapó. Guardamos el dinero y un año después abrimos nuestra casa de prestamos. Así comenzamos a hacer más plata, pe’. Incluso pudimos comprarnos un carrito pa’ poder ir por todo lado. Vi que mi idea había tenido resultado. Pero igual había temor que la policía me atrapara, pe’. Entonces decidí, junto a mis choches, meternos a la escuela de oficiales. Pa’ volverme tombo, pe’. Pensando ¿sí o no?

Luego de como cinco años me gradué, pero yo seguía haciendo negocios con los prestamos. Solo había un problema. Una familia me debía dinero y ya me llevaban con cuentos casi medio año. Más los intereses, me debían casi medio millón de dólares, pe’. Es un montón de billete. La cosa es que no me pagaban y yo ya los había amenazado varias veces, pero les llegaba altamente, pe’. Las amenazas no funcionaban. Tenía que hacer algo urgente, ¿di?

La cosa es que me vine a Lima porque me enteré que el hijo de la familia vivía ahí, pe’. También me enteré que era cabrito como yo, pe’. Así que me vine a Lima con unos choches y lo buscamos al huevón, pe’. Se llamaba Manuel. Lo encontramos y lo llevamos a donde me hospedaba. Era guapo el cojudo, lindo cuerpo. Bueno, lo trajimos a “mi jato”, pe’. Así como dicen en Lima, “mi jato” mi casa, pe’. Y lo amarramos, le dijimos que éramos tombos, cosa que era verdad, y le dijimos que tenía que hacer que su familia nos pague. También le advertimos que no suelte lengua con la policía porque de nada le iba a servir porque yo era el comisario. Pensando, pe’. 

Yo seguía enojado con Gabriel por lo mierda que fue conmigo. Me abandonó y no le importó nada. Se fue sin ningún remordimiento. Entonces se me prendió el foquito, pe’. Como la familia esta que no me quería pagar, no me iba a devolver el dinero nunca, yo no les devolvería al hijo, pe’. Entonces le dijimos a Manuel que tenía que matarse en la casa de Gabriel. Claro que este huevón no se iba a matar; así que tuve que llamar a mis choches para que me envíen un vídeo entrando a la casa de su familia, pe’. Le dije a Manuel que los mataría a todos si es que no cumplía lo que tenía que hacer. Creo que el cojudo era muy bondadoso porque inmediatamente dijo que sí, pe’. Entonces lo mandamos y uno de mis choches estuvo vigilando que Manuel no se escape.

Era fácil ubicar a Gabriel. Todo el mundo sabía que paraba en la discoteca chupando su pisco, pe’. Yo ya lo había visto, pero no quise entablar conversación con él porque sino le iba a sacar su puta madre; y eso no se ve bien con un policía, pe’. Cuando Manuel y mi choche llegaron a la disco, me dijeron que Gabriel estaba rondando el local buscando carne para llevarse a su depa. Fue fácil. Manuel solo tuvo que acercarse, aceptar unos tragos y listo.

El plan que tenía era cagarlo al huevón de Gabriel, pe’. Yo lo iba a meter a la cárcel, se iba a podrir ahí. Todo salió a la perfección. Ahora Gabriel está en las celdas de la comisaría donde yo chambeo y lo tengo en mis manos.  Ahorita voy a ir a terminar mi venganza, pe’. Como se dice, poner la cereza en la torta, ¿di?. ja, ja, ja”.

HA6614

Bryan se separó de mi y apagó la grabadora. Me hizo escuchar todo su macabro plan luego de haberme besado en la celda donde me había quedado dormido.

—¡POR QUÉ ME HICISTE ESTO! —grité

Traté de darle un puñetazo en el rostro, pero Bryan lo esquivó con facilidad. Se alejó y salió de la celda.

—Mañana te llevan a la cárcel. —dijo Bryan con voz muy seria; parecía enojado —Ahí estarás feliz. Me imagino que te darán unos veinte años, pe’. Todo es cuestión de mover influencias. Duerme, huevón. Mañana tienes un día largo.

descarga (1)

Terminó de hechar llave a la reja y se fue. Me quedé en la celda y di un grito muy fuerte mientras Bryan cerraba la puerta del cuarto de celdas. Las luces amarillas envueltas en cochinada parpadearon amenazando con quemarse. La oscuridad de mi celda era tan intensa que supe en ese momento que mi vida había llegado a su fin.

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