El Puto #8

(Lee la parte 7 aquí -> https://elticherpe.com/2018/07/18/el-puto-7/ )


El olor a orina en la celda era nauseabundo. No tenía idea de donde salía ese aroma porque no veía algún líquido en el suelo. La celda tenía solo una banca larga en la pared lateral y no existía ventana alguna. Eran tres paredes de cemento pintadas de un color verde oscuro y una pared de barrotes oxidados. La única iluminación que entraba era por el tragaluz en medio de la sala. Me asomé hacia la reja y vi que habían más celdas en ese lugar. Solo pude ver tres al frente del pasillo y asumí que a mi costado habían dos más. Al parecer estaba solo en mi miseria. No había otros detenidos ahí. Me pregunté dónde habrían terminado las chicas trans que entraron cuando estaba esperando en la oficina.

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Me senté en el suelo apoyándome contra una pared lateral. El piso estaba frío y el cemento estaba disparejo. Había pasado ya mucho tiempo. No tenía idea de cuánto, pero se sentía una eternidad. El tragaluz me hacía saber que ya estaba a punto de anochecer. El silencio era absoluto y este inundaba mi cerebro. No sabía qué pensar, qué hacer, qué esperar. Mis ojos se iban cerrando del cansancio, pero batallaba para no dormirme. No quería dormir ahí. No me lo iba a permitir.

* * *

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La fiesta estaba un poco aburrida. Había ido solo a la discoteca para tomar un par de tragos y ver si encontraba a alguien con quién ir a casa. Estaba en la barra tomando un Chilcano. La música electrónica se intensificaba y todo el mundo empezaba a saltar. Yo solo veía y seguía tomando mi bebida. Me di un paseo por ahí y no encontré nada. No había ningún chico lo suficientemente bueno para llevarlo a mi casa. Me apoyé en una pared mirando hacia la pista de baile con mi trago en la mano. Veía como todos bailaban, algunos se besaban, otros fumaban, otros hacían un espectáculo imitando a alguna estrella. No había nada interesante para mí. Yo solo quería  a alguien para llevarlo a mi departamento. La música paró y empezó a proyectarse el nuevo vídeo de Rihanna en las pantallas. La gente gritó.

“It’s like you’re screaming but no one can hear. You almost feel ashamed that someone could be that important, that without them, you feel like nothing. No one will ever understand how much it hurts. You feel hopeless, like nothing can save you. And when it’s over and it’s gone, you almost wish that you could have all that bad stuff back so you can have the good.”

“Es como si estuvieras gritando pero nadie pudiera escuchar. Te llegas a sentir avergonzado de que alguien sea tan importante, que sin este, te sientes como si no fueras nada. Nadie nunca podrá entender cómo duele. Te sientes sin esperanza, como si nada pudiera salvarte. Y cuando se acaba y se esfuma, llegas a desear poder tener todas esas cosas malas otra vez para poder tener las buenas.”

https://youtu.be/tg00YEETFzg

La música volvió luego de esa parte del vídeo y todos volvieron a hacer lo que estaban haciendo. Quería irme. Parecía que ese día no iba a tener éxito en mi caza. Acabé mi bebida y la dejé en la barra. Me volteé para alejarme de ahí y me choqué con un chico bien lindo.

—Disculpa —le dije.

—¡ay! —se quejó —Qué brusco.

—Lo siento, en serio.

—Está bien, guapo.

Aproveché la oportunidad y empecé con mi plan.

—Uhm, ¿te puedo invitar una Chela?

—Claro —me dijo sonriendo.

Pedí dos cervezas y nos apoyamos en la barra a conversar.

—¿Cómo te llamas? —le pregunté

—Oh, soy Manuel. Mucho gusto.

—Qué lindo nombre. Soy Ricardo —le mentí .

Tomamos toda la noche y bailamos en la pista de baile. Nos besamos mientras sonaba la canción de Rihanna por enésima vez. Todo iba bien.

* * *

—¡DESPIERTA! —escuché a lo lejos.

Todo estaba más oscuro de lo que recordaba. No entraba luz solar por el tragaluz. La única iluminación eran unos focos amarillentos cubiertos en polvo y cochinada indescriptible. Era de noche.

—¿Qué hora es? —pregunté en mi aturdimiento.

—Las dos de la mañana, Gabriel.

Bryan estaba parado en la puerta de mi celda y me dijo que quería conversar conmigo. Abrió la celda y entró.

—Párate, Gabriel.

Me puse de pié y empecé a llorar.

—¿Por qué me has hecho esto? —dije entre lágrimas.

—Te amo, tonto —me dijo agarrándome de la cintura.

Nos besamos apasionadamente recordando los viejos tiempos.

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