Relato al aire #2

Su cabello negro azabache hacía juego con sus ojos. Su piel morena como el ébano, lisa como la seda y suave como el algodón. Era alta e imponente con unos senos delicados y tonificados por el gimnasio. Todos coincidían que su mejor atributo eran sus piernas largas y humectadas naturalmente. Para matar a sus admiradores, usaba un perfume con una fragancia que hipnotizaba hasta al más puritano.

Era una mujer hermosa que no podía cagar. Quizá su hermosura lo impedía. Un monumento tan pintoresco y bello no podía rebajarse a realizar esos actos tan impuros que la naturaleza nos obliga a hacer. Era asqueroso, repugnante, inmundo, cochambroso, sucio. Una actividad inescrupulosa para esta diosa mortal. Su propia belleza era la culpable de ese maldito estreñimiento crónico.

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