La historia de M #2 (La Primera Cita)

Luego de esa noche hermosa que tuve con M, no sabía si él había sentido lo mismo. Me moría de ganas de escribirle para invitarlo a una cita, pero me daba miedo ser rechazado. No dejaba de pensar en sus ojos mirándome como dos estrellas en el cielo; su cabello corto marrón claro; su piel suave como una almohada de plumas. Definitivamente, algo me pasaba.

Luego de un par de días, me armé de valor y le escribí. Le dije que quería invitarlo a salir. Él no demoró en aceptar. Al parecer, el sentimiento era mutuo. Quedamos en vernos el domingo en Miraflores. El plan era ir al cine del Óvalo Gutiérrez y luego a cenar a un restaurante por ahí. Claro, una cita cliché. Quizá me había convertido en un romántico sin remedio, monce encima.

El día de la cita, el que llegó temprano fui yo. Lo estuve esperando en el cruce de la Avenida Angamos con la Avenida Arequipa mientras escuchaba un poco de música. Luego de diez minutos, llegó. Lo vi igual de hermoso que la vez pasada; incluso un poco más porque era de día. Esta vez vestía unas zapatillas rojas que no hacían juego con el resto de su outfit, pero se veían bonitas. Nos dimos la mano y empezamos a caminar.

—Lindas zapatillas —le dije.

—Gracias ¿Cómo estás? ¿Estuviste esperando mucho? Planeaba llegar a la hora, pero tuve que ayudar a mi amiga a tender su ropa y cuando me di cuenta, ya se me había hecho tarde.

—No te preocupes. Solo estuve esperando unos diez minutos.

Llegamos al cine y vimos la cartelera. M no quería ver ninguna película porque todas estaban en Inglés. Me dijo que prefería verlas dobladas. Esto quizá debió ser una alerta roja para no seguir conociéndolo, pero no me importó. Tomamos un taxi y nos fuimos al centro comercial de Risso para ver algo en Español. No recuerdo qué película terminamos viendo, pero sí recuerdo lo que pasó en la sala.

Escogí las butacas de la última fila. Esperaba que la sala esté vacía. Compramos pop corn, un par de gaseosas y nos dirigimos a la sala.

Cuando ubicamos nuestros asientos, nos dimos cuenta que no había más de seis personas en toda la sala. Nos sentamos, acomodé la comida en el brazo de la silla y mientras sacaba mi celular para apagarlo, M me da un beso. No fue uno cualquiera. Este fue con ganas y pasión. Fue tan intenso que se me erizaron los vellos del cuerpo.

—Tenía ganas de hacer eso hace rato desde que te vi —susurró.

Solo atiné a soltar una sonrisa nerviosa y volverlo a besar.

—Yo también —dije mientras mi mano acariciaba su mejilla izquierda —. Guapo.

Empezaron los trailers y dimos un salto por la bulla que soltaron. Nos reímos y fue en ese momento que pensé si esta era la persona de la que tanto se habla en las historias de amor; o quizá estaba jugando a una ruleta rusa con un completo desconocido. Tenía miedo, pero nada de eso importaba porque me sentía en las nubes y pensaba que nunca en mi vida iba a volver a estar feliz como en esa ocasión.

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